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Sabemos de sobra la importancia del descanso en nuestras vidas. Esta vez, vamos a centrarnos en el descanso nocturno e intentar conciéncianos de la máxima importancia que tiene el dormir bien y suficiente para mantener y preservar nuestras energías y nuestra salud.

 

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Hay una evidencia aplastante: nos pasamos un tercio de nuestra vida en la cama. Si tenemos en cuenta que la esperanza de vida va in crescendo y está casi en 90 años, un cálculo fácil nos permite ver que una persona puede pasarse 30 años de su vida durmiendo (o tratando de dormir). Es decir, 30 años tumbada en una cama descansando para disponer de suficiente energía durante los sesenta años restantes. Si durante esos 30 años no descansamos bien, en el mejor de los casos nos pasaremos los otros 60 arrastrándonos y desaprovechando la vida. Eso, si no enfermamos por culpa de la debilidad y acabamos muriendo mucho antes, pues la falta de descanso debilita el sistema inmunológico y nos expone a multitud de enfermedades.

 

Durante la noche, mientras descansamos, nuestro cuerpo elimina las sustancias tóxicas acumuladas y las originadas por el metabolismo normal del organismo (urea, ácido úrico, colesterol…), también renueva sus tejidos y realiza una “puesta a punto” de sus órganos. Si no se duerme bien de manera regular estos procesos no se pueden efectuar correctamente y nuestro cuerpo acumula toxinas que merman nuestro estado de salud en general.

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¿Qué consecuencias podemos tener cuando nuestro descanso es malo de forma regular?

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  • La falta de sueño se relaciona con un mayor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Los más notables son el de colon y pecho.
  • La piel no se regenera como es debido, lo que provoca envejecimiento prematuro.
  • La gente cansada tiene problemas para controlar sus impulsos debido a un nivel energético muy bajo. Esto nos lleva a hábitos de vida poco saludables y a la ganancia de peso La falta de sueño afecta a la memoria a corto plazo y a largo plazo. Hay muchos estudios que relacionan estrechamente la falta de sueño prolongado con el Alzheimer.
  • Aumenta considerablemente la enfermedad cardíaca.
  • La falta de sueño provoca irritabilidad.
  • La falta de sueño nos vuelve más torpes, tozudos y faltos de reflejos.
  • Debilita drásticamente nuestro sistema inmunitario. Con el sistema inmune debilitado estamos expuestos a cualquier infección, enfermedad, tumor… 

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La falta de sueño nos lleva a un nivel energético bajo y esto desencadena muchas veces en decisiones poco acertadas, tanto en la vida como el en trabajo. Y así podríamos seguir…

Muchas personas se han acostumbrado a dormir poco y descansar mal y creen que eso es lo normal o bien han tratado de buscar soluciones y lo único que han encontrado son medicamentos, remedios o sustancias, que lo que hacen, en definitiva, es forzar de una manera antinatural ese descanso deseado y necesario. La verdadera solución natural y eficaz para mejorar nuestro descanso nocturno es mejorar, reducir o eliminar esas causas reales que nos llevan al descanso irregular o insomnio. Para ello vamos a enumerar que causas nos pueden conducir a dormir mal y como mejorar, reducirlas o eliminarlas, esto ya sería en función de cada uno.

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  • Cenar muy tarde y mal (fuera de biorritmo, tema que trataremos en próximos artículos). Debemos cenar pronto y acostarnos con la digestión hecha. Para que nuestra digestión sea más corta debemos cenar de una manera más ligera sin combinar muchos alimentos. Cuantas menos combinaciones de alimentos mejor. Si damos mucho trabajo al sistema digestivo a horas fuera de biorritmo (más tarde de las 22h) interrumpimos muchos procesos internos que empiezan después de caer el sol entre ellos la producción de la hormona que nos induce al sueño, la melatonina.

 

  • Practicar ejercicio intenso y vigoroso más allá de las 21h de la noche (fuera de biorritmo). Esta actividad, como cenar copiosamente tarde, entorpece la fase de vagotonia del cuerpo. En estos momentos el cuerpo reduce el pulso, la tensión y la temperatura, reduce muchas actividades al mínimo y da paso a una actividad interna. Es el momento de crear melatonina, de absorber y asimilar los nutrientes y acelerar la eliminación de toxinas; es la fase de respiración orgánica y regeneración de la energía vital, por lo tanto si no se respeta esta fase nos costará dormir y nuestra calidad y duración del sueño será mala y corta. Intenta no realizar actividad física intensa a esas horas, puedes, por ejemplo, sustituirlas por clases más suaves tipo yoga, pilates, andar…

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  • Dormir rodeados de contaminación electromagnética: los ordenadores, tabletas, smartphones, que están continuamente buscando señales de frecuencia generan irritabilidad, nerviosismo y cefaleas. De igual modo las televisiones, radiodespetadores, lámparas de luz, regletas de enchufes… todo lo que esté enchufado a la luz y encendido emiten una radiación electromagnética tóxica para la salud y perturban nuestro descanso. Intenta sacarlos todos de la habitación o tenerlos desenchufados al menos para dormir.

 

  • Acostarse con mucho trabajo mental. Intenta hacerte una lista antes de dormir con todas esas cosas que tienes que hacer al día siguiente y que no quieres que se te olviden. Cuando entres en la cama tu mente debe estar relajada.

 

  • Estar expuest@ a luces blancas mas allá de las 21h de la noche. La luz anaranjada que emite el sol cuando empieza a esconderse es la señal que tiene la Naturaleza para que nuestro organismo empiece a producir melatonina. Este tipo de luces naranjas, son a las que deberíamos estar expuestos a partir de las 21h de la noche. De no ser así nuestro cuerpo sufre un “engaño” y se mantiene despierto y activo y no deja paso a las funciones de la noche. Cambiar la luz blanca de los teléfonos, tablets y ordenadores (hay una función para ello) es una solución. En casa reducir las luces al mínimo a esas horas, a ser posible luces calidas y no estar expuestos tanto tiempo a la televisión.

 

  • Nuestra habitación, antes de ir a dormir, debe estar bien ventilada. Ventilar significa la acción de intercambiar el aire interior viciado, que puede ser considerado un aire sucio y cargado por el del exterior, aparentemente más limpio y puro. La sensación de higiene nos hace descansar mejor. También evitamos posibles afecciones respiratorias.

 

  • Conflictos psicoemocionales: en este aspecto las pautas deberían ser personalizadas y tratarse en terapia, pero podemos dar algunos consejos más generalizados para ayudar a tomar conciencia, mitigar o reducir ese conflicto y poder conciliar mejor el sueño.

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  1.  Identifica por escrito los problemas que te impiden ser feliz o te perturban. (se claro y conciso y clasifícalos por orden de prioridad).
  2.  Nos centramos en el problema prioritario para proceder a un análisis antes de pasar a la acción. Plantéate dos cuestiones: ¿Es un problema mío o pertenece a otra persona? Si es mío. Está en nuestras manos solucionarlo. Si es de otra persona, poco podemos hacer (excepto ayudar). Son ellos mismos los que tienen que hacer algo, no tú. Es un tema de comprensión. La vida nos da a cada uno algo con lo que trabajar y si coges los problemas que no te pertenecen suceden dos cosas:
    • Que te sobrecargas y desgastas energéticamente no pudiendo luego afrontar tus propios problemas que la vida te tiene reservado apareciendo la confusión, el sufrimiento y la enfermedad.
    • Que no permitas a la persona afrontar lo que tiene que afrontar, impidiendo así su evolución en la vida.
  3.  Anota en un papel tus posibles soluciones (tormenta de ideas). Contempla soluciones intermedias. Hacer una Cura o Detox (con terapeuta profesional) o potenciar un estilo de vida energizante.
  4.  Diseñar un plan que ponga en marcha nuestro objetivo con ayuda de un terapeuta profesional sería lo recomendado, teniendo en cuenta nuestras posibilidades, respetando nuestras necesidades y observando los mensajes que nos da la vida, esto determina el camino a seguir.

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La necesidad de una disciplina que contemplara el sueño, nació a partir del reconocimiento y la aceptación de los trastornos del sueño como enfermedad.

 

«Si alguien desea una buena salud, primero debe preguntarse si está listo para eliminar las razones de su enfermedad. Solo entonces es posible ayudarlo.»

Hipócrates – Padre de la medicina.

Alfredo Peiró.

 

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